Resulta que agarré y que decidí matarme
porque ya no había nada de donde agarrarme.
No es que yo sea un tipo bajoneado,
pero no me iba a salvar ni Superman drogado.
Una cosa sí tenía bien clarita:
al cielo no iba a ir ni aunque me dieran guita.
EL infierno para mí era una maravilla,
o reencarnar en Cordon Blue o en Sanchez Padilla.
Así que sí, si, iba a pedir
que al cielo yo no pretendía ir,
y a ver con quien tenía que ir a hablar
que yo tenía cuña en el Uruguay,
así que no, no, por favor
al cielo no.
Cada orgasmo era una nueva muerte, de esas pequeñas muertes del instante presente que luego se añoran con nostalgia. Porque lo destructivo no fue la violencia con la cual nos maltratamos tiernamente, lo destructivo no es el deseo, lo aniquilante es el querer, la inevitabilidad del sentimiento. A Borges le dolía una mujer. A mí me duele un hombre, a mi me duele un hombre en todo el cuerpo.
(...) y en tu bella cicatriz. Parece sangre y sin embargo sonreís.
¡Al cielo no!
La pelotuda que escribe se llama
Border
Y NO DESEO MAS QUE MI LOCURA...