(...) y en tu bella cicatriz. Parece sangre y sin embargo sonreís.

Camino entre la gente y me encuentro sola aunque me hablen, nadie me entiende, nadie sabe la verdad. Pero cuándo llegas y me miras a los ojos, ahí encuentro tus caricias y la acción de tus manos al realizaras. Cuando te miro a los ojos encuentro la verdad entre tanta gente y sólo quiero quedarme ahí. Te miro a los ojos y te ofrezco un abrazo, que sale del alma. Me encantaría ahora mismo apoyarme en tu pecho, sentir los latidos de tu corazón y pensar en todas esas personas que ya no significan nada, porque cuándo estoy a tu lado sólo me importas tú. Nada tiene sentido si no estás, miro al cielo y no encuentro las estrellas que nombras día a día cuándo nos recostamos y vemos el estrellar con luna llena; Las estrellas sólo puedo verlas contigo. Pasa y pasa el tiempo y yo me pierdo en tu mirada, en tus dulces palabras, que pasaría si tu mano hoy no está agarrada a la mía, qué pasaría si hoy no puedo perderme en tus brazos, en tus caricias. No sería yo. Reconstruiste mi forma de ser y estoy eternamente agradecida de que hayas sido tú la persona que hoy me vuelve loca. Nunca cierres los ojos.
Te juro que si algún día te vas, corazón, yo no tendría motivos para sonreír otra vez. Me regalaste mil mañanas de buen humor, me regalaste el sol que hoy sólo tengo para mí. Me regalaste mil y una carcajadas y momentos únicos. Hoy estoy adaptada a esos momentos. Y cada día me levanto con buen humor, el sol me ilumina. Cada día sonrío más y más, mientras reconstruyo momentos que a futuro serían lo mejor para los dos. Y ya no pienso en mí, sólo en tu comodidad, en lo que querés. Tu amor me vuelve egoísta hasta conmigo misma, sólo quiero ofrecerte a vos. A vos, mi amor. Que me diste todo lo que hoy tengo, que marcaste mi camino sin pensarlo. Si algún día te vas; ¿Podría aceptar mi derrota?

La persona que cambió mi vida.

Tenerte es lo único que espero cada día. Volver a despertarme para poderte abrazar. Sentir la seguridad que me das y que nunca pero nunca te vayas de acá.


Lo conocí siendo una niña. Esa noche no esperaba que nadie venga a verme. Estaba tranquila. Contenta, como podía. No todo en mi vida marchaba correctamente. No todo era tan fácil como creía. Todo parecía empeorar y sin embargo yo sonreía. Antes había hablado con él. Esa semana había hablado mucho. Lo quería, lo quería porque lograba desvelarme. Me sacaba esas ganas de largar todo y dejar de existir. Me encantaba hablar con él, no había noche, madrugada, que no me quede pensando en lo divertido que sería poder conocerlo. Circunstancias lo impedían, pero él, él esa noche apareció, repentinamente, y yo me quedé ahí, sorprendida, con ganas de abrazarlo. Se fue y me quedé toda la noche pensando en él, en lo lindo que era, en las cosas que pasaron antes, de lo que iba a ser mi vida de ahora en más pero feliz, feliz porque me sentí completa, porque apareció cuándo menos lo esperaba y cambió mi noche. Me quedé pensando en él, mirando al cielo, me quedé pensando en su voz, en su mirada, en sus abrazos. Esa noche fue perfecta y sonreí con la felicidad que me faltaba.

Ser complicada por ser complicada.

A todas nos pasa eso de enojarnos por tener ganas y nada más. De buscar complicaciones dónde no las hay. ¿Por qué? El simple hecho de enojarnos hace que la persona que tenemos al lado intente cualquier cosa con tal de que volvamos a estar cómo normalmente solemos estar. Y no sólo por eso, sino por el orgullo y las ganas de escuchar lo que queremos al momento que se nos ocurra. Cualquier cosa puede ser un problema, una mala cara, mala contestación. Cualquier cosa puede cortar una conversación fluida, las risas repentinas, la naturalidad del momento por el sólo hecho de la histeria femenina, de conseguir lo que se quiere, de escuchar nuevamente esas palabras sin la necesidad ni las ganas de volver a tener una discusión pero generándola para provocarlo, para asustarlo, para ver lo que dice porque sabés, sí, sabés que ese no es el final. Tarde o temprano vas a volver a abrazarlo, a volver a decirle esas palabras lindas, vas a volver a pedirle que vuelva y te vas a reír como nunca, vas a hablar fluido, con naturalidad. Después, después histeriquealo.
Me encantaría poder recordar como era mi pasado un tiempo atrás. Creo que no sé si alguna vez existí realmente, si estaba plenamente adaptada a este ambiente, no sé que esperaba ni que quería, tampoco que pretendía de los demás. Todo el tiempo estaba pidiendo, exigiendo, todo el tiempo estaba intentando cambiar sin mover un pelo es que, no tenía esa necesidad. Y ahora, que pasó tan poco tiempo, que me siento tan bien, tan adaptada, con tantas ganas de salir adelante y moverme para poder lograr las cosas, con un mínimo de constancia y mirando hacia adelante puedo decir que nada de lo que antes era para mí un pensamiento valió la pena. No recuerdo mi pasado, no sé como era, ni como me manejaba, no lo quiero saber. Estoy feliz así como estoy, con mis manías y ganas de irme a la mierda pero con una persona al lado que me cuida y me apoya. Con esas ganas de existir solamente para él.
Aprendí que la vida te puede cambiar en un instante, sin pensarlo, sin ni siquiera desearlo. Que las buenas noticias no son algo que marquen en tu vida más que algo que pasa a la ligera. Que la vida se lleva lo bueno y te trae algo superior. Que nada es lo que parece. Que nunca perdes lo afectivo. Que tarde o temprano existe lo mejor.

Nunca pensé volver a leer este blog y encontrarme con tantos sentimientos mezclados, tantas circunstancias diferentes que viví a lo largo de mi vida que hoy pasaron a ser insignificantes, esa adolescente obsesiva y oligofrenica que alguna vez fui y esa adolescente histérica e insegura que hoy soy.
Las personas que pasaron por mi vida, los celos, las confunciones, lo malo que tornaba todo, eso de tener que comprender, de tener que ver las cosas de la forma más realista posible para no caer en una ilusión que nunca fue siquiera "ALGO", que sólo era producto de mi imaginación.
Tener que volver a leer todos esos sentimientos, esas circunstancias, a esa piba obsesiva, ilusionada, que inventaba historias sin sentido, que se inventaba una vida con tan sólo una mirada y seguia caminando como si nada. Tener que volver a leer a esa chica que lloró, alguna vez, por algo que hoy es una anécdota, algo que ya no importa ni duele recordar. Tener que volver a leer a esa persona que terminaba de escribir y lo más bien mantenía su vida con calma sin la necesidad de adquirir ningún otro tipo de ayuda. Su blog no era terapia, ella ahí no se descargaba, simplemente escribía lo que imaginaba, creyendo que lo sentía.
Y hoy, hoy que estoy del otro lado de la pantalla sintiendo un verdadero amor, puedo decir y afirmar que fuí una estúpida, pero no por eso volvería a empezar, porque fué parte de mi vida, algo que no me arrepiento, lo que fuí. Desde abril de 2008 hasta hoy, como cambió todo y las ganas de que solamente sea un recuerdo. Perdura y perdurará por siempre.


Borrón y cuenta nueva.

Tro

Recién ahora me doy cuenta lo que significaba tenerlo frente a mi todos los días. Las cosas que aprendí gracias al emisor que hace tiempo es para mí alguien influyente. Nunca me quiso escuchar y eso me enojaba. Me hacía callar para que no hable demás y diga cosas que puedan perjudicarlo. Sentía que no me quería, que no necesitaba verme a la cara para entender las cosas y por eso tomaba decisiones por si solo y de antemano. Estuve enojada en silencio, yo le sonreía y le hacia chistes, pero me moría por decirle lo histérica que me ponía que me rete sin admitir lo que le molestaba, sin admitir que sabía que eso me hacia mal, querías que me de cuenta que no te importa, nada te importa, porque soy parte de tu trabajo. Pero yo al verte reclutaba ideas, me convertía en una persona responsable, pensaba a futuro, no respondía agravios, me veías con una sonrisa y cuando lo hacias también re reías, porque no hay nada más obvio que mi cara cuando quiere convertirse en augurio hacia la otra persona, así como también el otro lugar de la situación, desde mi lugar, que pienso que hago las cosas bien cuando en realidad estoy equivocada porque "no me entendes" pero no es eso, el problema es que no coincidimos, no nos entendemos, vivimos diferentes épocas, por eso y muchísimas cosas más me di cuenta lo importante que es verte ahí en frente, porque no puedo esperar nada más de vos que aprendizaje, tal vez algún día te agradezca y me ría de este momento, como lo haces vos con mucha razón, con otra perspectiva y con total ignorancia hacia mi, como lo merezco cuando busco algo que nunca existió.
Era de noche, estabamos juntos, solos. La noche estaba tranquila, nosotros acostados, frente a nuestros ojos una ventana, una ventana grande, corria el aire y era lindo, era lindo porque hacía calor y el ventilador ni siquiera regeneraba. Empezamos hablar de las cosas que hacías en tu tiempo libre, cosas que antes hacías. Porque yo en mi interior estaba completamente segura que yo era parte de tu tiempo libre. Me dijiste: "Extrañar" y pensé que me hablabas de algún tipo de fallecimiento, me callé, intuí que debería ser silencio la respuesta más sumiza y terminó la conversación. Te dije: "Mirá la luna" y no quisiste, no aceptabas que eso además de un fracaso podría llegar a ser un momento romantico y digo "eso" porque nunca terminé siendo parte de tu vida por más que quise ayudarte con todo este presagio. A partir de ahí, sentí que me mirabas mal, que no te importaba que estemos de la mano pero me daba cuenta. Vos no estabas ahí conmigo, vos no me estabas agarrando de la mano a mi, vos tenías la cabeza en otro lado y lo entendí. Te quería sacar de ahí y desde el lugar más sincero y espontáneo lo hice sin pensar. Me levanté y te traje agua, creo que eso no estuvo bien porque también te hice reir y el agua se volcó. Empecé por bailar, bailo mal y eso lo hace mucho más divertido. La técnica no servía en esa instancia. Nos empezamos a contar situaciones que causaban gracia y lo siguen haciendo por lo ridículas y sentí que volviste, volviste a ser vos otra vez y te miraba y sonreía, me sentí bien por hacerte reir. Tal vez no fue lo mejor, pero no lo pude evitar. Que lindo es nuestro silencio cuando ya ninguna palabra puede hacerse cargo de los pensamientos malos y que lindo es cambiar de aire, todavía con el ventilador que volvió a regenerar. Dormimos otra vez.
Nunca creí que iba a llegar a decir que me casé esporádicamente de estudiar. Cuando estudio algo que no quiero me pongo totalmente histérica, miro la hoja con un odio y una bronca hasta que la arrugo y aprieto los dientes, después de eso viene el llanto y putear. Que lindo es putear a veces. Pero lo terminas haciendo, si es tu deber. Si te ponés a pensar en lo que tenés que hacer además de estudiar, y no, yo no tengo que hacer otra cosa. Por eso estudio, me pongo histérica y lloro. Pero después de todo, ya terminé de leer.




No se una mierda.
Yo quedo contenta si me miras porque sino abris la boca me ilusionas. Yo quiero escuchar algo que jamás vas a decir. Porque el silencio que me dejaste adentro yo lo pude reconstruir con tus ingenios. Es lo que vos sabés. Mirar y generar una equivocación que se confunde con una reacción de la cual no tenés inteción. Pero te lo mereces por generar mi idiotez extrema cada ves que te veo y me ves con esos ojos que generan un misterio pero que no dicen nada serio. Entonces renuncio a mirarte de nuevo sin decirte todo lo mal que hice en esperarte. Porque el silencio no es en vano, es una obra de arte a tu lado. Ayudame a conservarlo para nunca llamarte. Ojalá te encuentre en un sueño hermoso siendo mi esposo y yo tu mujer. Y nos vayamos en un carrusel. Esto ya se parece a una canción de Luis Miguel.

Murciélago.

Son las siete de la mañana y no puedo dormir. Entonces escribo lo que mis dedos dicen. No la cabeza. Porque la cabeza piensa en que mi espalda debe quedarse enderesada para no sufrir otra vez problemas de escoliosis. Que mis ojos deben dejar de ver esta pantalla tan grande y luminosa porque sino otra vez volveran los problemas de miopía y, obviamente, de poner los acentos y todas esas cosas donde van. Pero las cosas que digo, las digo porque salen, fluyen. Entonces con esta entrada te vas a dar cuenta que lo que pasa por mi cabeza es lo mismo que lo que pasa por la cabeza de algún animal, que seguramente en este momento está haciendo lo que debe hacer, o más ocupado que yo. Ni siquiera vale la pena todo esto, pero hace dos años aproximadamente me encargo de hacer cosas que no valen la pena, de vivir al pedo, de existir en vano, de pensar en nada pero con muchas ganas de vivir y eso hace incauta mi existencia, que en realidad, es lo que arruina todo el plan para que yo deje de estar acá sentada, donde algún día tal vez muera. Chau.
Soy demasiado perseguida. Cada vez que pasa algo me siento identificada. Tal vez porque ya me mandé varias macanas en el transcurso del año y tengo miedo que eso sea producto de algún hecho producido por mi. Aunque eso es solo producto de mi imaginación. Porque si utilizara el sentido común en vez de la fobia me llevaría mucho mejor con la realidad. Nadie me nombra a mi. Ni piensan que soy la persona más 'tal cosa' del mundo. Eso es karma. Miedo a que vuelva la hija de putez. Miedo a sufrir por una tontería. O no tener razones para sufrir por una tontería. Miedo a que me dejen. Miedo a que nunca me elijan. Miedo a llorar otra vez. Miedo a no llorar nunca más. Eso también tendrá que ver con el narcisismo. Eso es ser egocéntrico. Porque nada ni nadie gira al rededor mio. Nadie piensa en lo que hice o dejé de hacer. Es por eso que nunca me va a volver ningún tipo de hija de putez. Nadie me va a hacer sufrir ni me van a elegir ni voy a llorar otra vez ni voy a llorar. Y eso no es inseguridad. Eso es hablar sin saber y decirlo de antemano por miedo a que verdaderamente pase.

La puta madre.

El sol me hace mal. Me hace doler la cabeza. El dolor de cabeza lo sufro cada día un poco más. Me deja roja como un tomate. Para eso ya tengo con la furia cotidiana que ciertas personas me hacen agarrar. Y después no soy yo. Porque solamente ves a una persona que se está quemando, que a penas la tocan sufre del dolor, que llora del dolor. No creo que sea tan así en mi interior. Pero de buenas a primeras, el Sol es mi enemigo. Lo odio. No me gusta el verano. El verano te demuestra que la gente está muy desocupada todo el día. A mi me gusta estar ocupada. Prefiero pasar el tiempo en invierno. Cuando siempre es la misma rutina y no podés cambiar de planes a último momento porque tu obligación es tu obligación.
En cambio, en verano tengo que ver el sol, otra vez la luz, el dolor de cabeza, las ganas de largar todo a la mierda y unas vacaciones que me rompen las pelotas. Ahora llueve y llueve con sol.

Angustia.

Es esa angustia horrible que te encorba como una viejita, te hace sentir frio, te pone tediosa. Cuando no sabés si en realidad estás mal o es el tiempo, si te estás por engripar, si estás de mal humor. Esa angustia que te hace replantear cosas. Arrepentirte de otras. Que abre excusas de todo tipo para ponerte bien, como loca con su remedio, el conformismo. Esa que te llama todo el tiempo cuando estás sola y solamente se escuchan las gotas de lluvia. La que te obliga a levantarte y mirar la venta, afuera, afuera está como vos por dentro. Lloviendo, nublado. El día no te dice nada, vos no decís nada. Estás mal. Porque la angustia chiquita no te hace reir, ni te hace pensar en otras cosas aunque quieras. La angustia chiquita te avisa que está lloviendo afuera. Que en realidad esas gotas son parte de una realidad que estás viviendo. Porque algún día va a pasar y mientras tanto todo te aburre, nada tiene que ver con vos. Es como cuando jugas al ajedrez sin entenderlo, cuando te aburrís en un cumpleaños. Cuando ni siquiera pensas en una fiesta, solo en que termine el día para sufrir insomnio y pensar en lo que más te gusta pero te pone peor. Porque la angustia es masoquista y tal vez ese conformismo infantil de película como en los cuentos de hadas se convierte en una fantasía insulsa que te cambia la vida por segundos, y seguís viviendo esa fantasía. Como cuando escuchas una canción y creas tu propio recital. Cuando te imaginas en una obra de teatro con la gente aplaudiendo. Te imaginas con esa persona, idealizandola con lujo de detalles. Pero no te importa. Porque ese tipo de angustia no te deja ver como la persona realmente es. Si eso es amor, entonces lo dejaras ir, porque no te quiere o te abandonó. Pero si en realidad afuera llueve y eso no es amor, vas a querer que salga el sol. No podrás aceptar jamás que todo está saliendo mal.

De la comedia romántica a la historia de amor. Punto final.

Desde hace un tiempo me sucede algo extraño: tengo un pequeño delay a la hora de reaccionar. Escucho noticias que deberían ser devastadoras, y me acostumbro a ellas como si siempre hubieran estado ahí: las naturalizo. Y cuando las considero parte de mi, cuano creo haberlas entendido, viene la tormenta. Esta vez no fue diferente. Escuché la noticia, naturalicé, entendí, y lloré.

Casi como un presagio, algunas semanas atrás escribí lo difícil que resulta aceptar que la comedia romántica que estábamos escribiendo en nuestra cabeza era en realidad una historia de amor que tendría, inevitablemente, un final que jamás se asemejaría al "happily ever after". Es difícil escucharlo, es difícil aceptarlo, y a veces resulta casi imposible poner el punto final.

Yo ayer coloqué el punto final. Desde el sábado que estaba con la escena en la cabeza, y la naturalización que había hecho no me permitía cerrar el guión. Necesité un domingo. Un domingo como el de ayer, que olía a verano. Un domingo pesado y solitario. Una cama desarreglada. Un paquete de cigarrillos. No poder concentrarme en leer y no entender por qué. Caminar de la cama a la cocina y de la cocina a la cama. Escuchar canciones sin prestar atención. Hacer un zapping escandaloso frenando en un canal de noticias que se instalaría como parte del sonido ambiente. Y en ese momento, sin nada espectacular alrededor, entender.

La escena final ya estaba escrita. No había vuelta atrás. No había punto de giro que modificara nada. Sólo faltaba el final, el punto final. Y mi punto final fueron cuatro horas de llanto. Cuatro horas de estar tirada en la cama, mojando la almohada, con los ojos pesados y colorados. Cuatro horas me costó entender que ya no tendría en quién pensar. O, peor, que tendría que pensar en mi. Cuatro horas de asimilación de lo que nunca fue, de lo que nunca será. Cuatro horas. Y punto final.

Después de ese punto final todo fue claridad: la nuestra no había sido una comedia romántica, ni una historia de amor. Y el final feliz existió. El final feliz es éste: yo queriéndote tal vez mas que nunca. Hoy todo estaba igual que siempre. La gente caminaba a la parada de colectivo con ojeras y cara de lunes, los porteros baldeaban las veredas y una señora me robaba el asiento del colectivo. Pero para mi hoy no fue igual, hoy salí a la calle con anteojos negros que tapaban mis ojos todavía hinchados, y sentí el sol de la mañana en la cara, y supe que había hecho las cosas bien. Que había sido valiente. Y sonreí por eso.

Agradezco, entonces, haberme cansado. Haberme cansado de probar con la puntita del pie si el agua estaba fría o no: haberme tirado a la pileta. Agradezco haber tenido alguien que me dijo "dale, mandalo" desde el otro lado del teléfono. Y me quedo con eso. Me quedo con este final feliz. Me quedo con los pocos que sabían de la historia y se enteraron del desenlace casi en simultáneo. Me quedo con el "llamame a la hora que quieras". Me quedo con la compañía eterna vía chat de una amiga incondicional. Me quedo con el respeto de los que leyeron mi "hoy no tengo ganas de hablar". Me quedo con las palabras de un amigo, que leyó mi zambullida, y me dijo "sos una DIOSA". Así, en mayúsculas. Con eso me quedo.

Y brindo por el comienzo de otra historia. Brindo por haberme hecho cargo de lo que me pasaba. Brindo porque no me lastimaste. Brindo por mi valentía. Brindo por tu sinceridad. Brindo por nuestro final feliz.
Nos vemos castigados por nuestras negaciones. Cada impulso que intentamos aniquilar germina en la mente y nos envenena. El cuerpo peca primero y se satisface con su pecado, porque la acción es un modo de purificación. No nos queda nunca más que el recuerdo de un placer o la voluptuosidad de una pena. El único medio de desembarazarse de una tentación es ceder a ella. Si la resistimos, nuestras almas crecerán enfermizas, deseando las cosas que se han prohibido a sí mismas, y además, sentirán deseo por lo que unas leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos tienen lugar en el cerebro y solamente en él donde tienen lugar asimismo los grandes pecados del mundo.


Lonely Soul









A veces creo que llegar a convertirme nuevamente en una persona activamente social seria perjudicial para mis principios. A veces creo que prefiero el aislamiento por miedo a corromperme.

Nos hicieron creer...

Nos hicieron creer que el “gran amor" sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado.
Las personas crecen a través de la gente.
Si estamos en buena compañía, es más agradable.
Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta. Nos hicieron creer en una fórmula llamada "dos en uno": dos personas pensando igual, actuando igual, que era eso lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene nombre: anulación. Que sólo siendo individuos con personalidad propia, podremos tener una relación saludable.
Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos. Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados. Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos, y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad. No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes, y que podemos intentar otras alternativas. Ah, tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir todo esto, cada uno lo va a tener que descubrir solito. Y ahí, cuando estés muy enamorado de vos, vas a poder ser muy feliz y te vas a enamorar de alguien. Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, aunque la violencia, se practica a plena luz del día.







No hay que ser divertido en el colegio, hay que ser inteligente. La inteligencia es divertida. En cambio la estupidez aburre siempre. ¿De donde viene el aburrimiento? El aburrimiento viene con la repetición, con lo chato, lo chato aburre, lo llano aburre, lo fácil aburre. Si usted quiere que los chicos se diviertan porque las dificultades de la educación son menos se van a aburrir mas. Lo chato aburre y lo complejo apasiona. A mi no me parece que el acto de aprender tenga que ser necesariamente divertido. Esto de convertir el aula en un lugar de entretenimiento. Yo creo que el aprender es siempre gustoso, no es duro, y desde luego enseñar siempre es someter a alguien a pruebas de dificultad creciente, si no existe esa dificultad no hay manera de ir adelante en la escalera del conocimiento. 
Lo que hay que decirles a los chicos es que aprender es gozoso y que sirve entre otras muchísimas cosas para ser más dichosos, para gozar del placer. El tipo que es más inteligente, que es más complejo, ese tipo goza más que una ameba. De manera que cuanto mayor complejidad, mayor es su capacidad para la comprensión, para la acción, pero también para el placer.
Si uno piensa que los chicos son victimas del docente que los somete a nociones aburridas, eso es aburrido, eso es peligroso decirle al chico. Al chico hay que decirle que no es un trago amargo aprender, que hay una delicia en la comprensión, que hay el goce del intelecto, y que ese goce sucede incluso en el momento de comprender, por mas que requiera una pequeña dilación, es gozoso, y todo placer requiere una pequeña dilación, dilación que uno incluso maneja con cierta destreza. Y esto de creer que todo es una rápida concreción de nuestros deseos mas banales es pésimo, pésimo para el individuo que no sabe gozar. Aquel para quien desear es lo mismo que tener, no tiene tensión, y esa tensión es el placer. Y en la educación también tiene que haber una tensión, si nos inculcaran las nociones con píldoras no gozaríamos nada


Una de las razones por las cuáles me gustás tanto es que no necesito andar explicando las cosas porque me lees como a un libro abierto.
Y NO DESEO MAS QUE MI LOCURA...