Cada orgasmo era una nueva muerte, de esas pequeñas muertes del instante presente que luego se añoran con nostalgia. Porque lo destructivo no fue la violencia con la cual nos maltratamos tiernamente, lo destructivo no es el deseo, lo aniquilante es el querer, la inevitabilidad del sentimiento. A Borges le dolía una mujer. A mí me duele un hombre, a mi me duele un hombre en todo el cuerpo.
(...) y en tu bella cicatriz. Parece sangre y sin embargo sonreís.
¿Cómo fue el beso que nunca nos dimos? ¿Veloz, precipitado, hermoso, melancólico, mojado, seco, eterno, efímero, violento, suave? ¿Cómo será el beso que jamás recordaremos? ¿Helado, alado, callado quizás? ¿Dormido tal vez? ¿Enojado, furioso, resquebradizo, ruidoso? ¿Escandaloso, tumultuoso, controvertido, introvertido, divertido, aburrido, serio, sucio, limpio, triste, problemático, adrenalínico, excitante? ¿Cuál será ese lugar donde no nos besemos? ¿Cuál será el lugar que nos besará mientras nos besamos? ¿Lejos de aquí, cerca de allá? ¿En ningún lugar físico, o en otro sueño? ¿Será real, existe hoy? ¿Será mañana?
La pelotuda que escribe se llama
Border
Y NO DESEO MAS QUE MI LOCURA...