(...) y en tu bella cicatriz. Parece sangre y sin embargo sonreís.

Siempre cinco para el peso, siempre abrazo, nunca un beso, y ahora ni torta ni pan. Sólo me quedan recuerdos, de ese sueño momentáneo, viejos tiempos de adicción. A planteos poco cuerdos
al placer del desengaño a la dulce confusión.
Sólo me queda el consuelo
de saberme muy tranquila...

yo ya sé que la peleé.
Y NO DESEO MAS QUE MI LOCURA...