Cada orgasmo era una nueva muerte, de esas pequeñas muertes del instante presente que luego se añoran con nostalgia. Porque lo destructivo no fue la violencia con la cual nos maltratamos tiernamente, lo destructivo no es el deseo, lo aniquilante es el querer, la inevitabilidad del sentimiento. A Borges le dolía una mujer. A mí me duele un hombre, a mi me duele un hombre en todo el cuerpo.
(...) y en tu bella cicatriz. Parece sangre y sin embargo sonreís.
Yo sé que el tiempo que estamos lejos nos sirve para saber si queremos seguir juntos, ¿Por qué será que te extraño cuando estás lejos?, y cuando estás, vuelco todo ese dolor de extrañarte tanto. No sé si es amor esto, o una simple obsesión de esas que atrae la confusión.
La pelotuda que escribe se llama
Border
Y NO DESEO MAS QUE MI LOCURA...