Cada orgasmo era una nueva muerte, de esas pequeñas muertes del instante presente que luego se añoran con nostalgia. Porque lo destructivo no fue la violencia con la cual nos maltratamos tiernamente, lo destructivo no es el deseo, lo aniquilante es el querer, la inevitabilidad del sentimiento. A Borges le dolía una mujer. A mí me duele un hombre, a mi me duele un hombre en todo el cuerpo.
(...) y en tu bella cicatriz. Parece sangre y sin embargo sonreís.
Dostoievski..
me está llamando. Juro que me llama, las sincronicidades me están asustando. Todo empezó en Buenos Aires, prosiguió llamándome desde Hesse y Cortázar, luego mediante una mención de Crimen y Castigo, y ahora también me está llamando desde una serie. Cinco referencias son demasiadas como para dejarlo pasar. Yo no creo en el destino pero sé que esto es una pseudo-señal.
La pelotuda que escribe se llama
Border
Y NO DESEO MAS QUE MI LOCURA...