(...) y en tu bella cicatriz. Parece sangre y sin embargo sonreís.

Copante.


Un día cualquiera a un flaco se le ocurrió desenterrar una raíz y masticar el cosoncho ese que tenía. Después (pero mucho después) a alguna torpe se le cayó una papa en una olla con aceite hirviendo y aparecieron las papas fritas, gloria y delicia del mundo moderno. Pero antes fue lo del flaco que le sacudió un poco la tierra a un tubérculo y le hincó el diente. Y capaz que hubo otro que degustó cuanta hoja verde encontró a su paso hasta dar con la lechuga.

A otro humano, vaya uno a saber cuándo y dónde, se le ocurrió que podía agarrar esa planta, sacarle las semillas justo en ese momento, molerlas hasta hacer polvo y, después, alguien dijo agregale agua y hagamos pan. O, por ejemplo, en la historia hubo alguna persona a la que se le ocurrió (o le sucedió por descuido o lo que sea) hacer algo más con la leche y así aparecieron la crema, la manteca, los quesos, los yogures y esos derivados deliciosos.

¿Inteligencia artificial? ¿Viajes al espacio? ¿Física cuántica?
Patrañas. Hace siglos que nadie descubre cosas copadas.
Y NO DESEO MAS QUE MI LOCURA...