Soy de esas personas insoportables que juzgan al otro por su forma de actuar con respecto al amor. Esas que descalifican manteniendo la postura de nunca "sentirse mal".
La realidad es que a mi la tristeza me busca de noche, como un fantasma, porque siempre está, escondida en los recuerdos, en lo que puede llegar a pasar, en lo que pasó, en eso irrecuperable que perdí.
Cuando estoy sola en estas situaciones, no trago saliva, no pongo buena cara, soy mala onda. Para vivir hay que morir, hay que sufrir y reflexionar. Hay que atarse a que miles de cosas más pueden pasar en el transcurso del tiempo y que te vas a caer aunque te sientes de lleno en la felicidad. Y todo esto me recuerda lo efímero que es el tiempo, las sorpresas que todavía no me dio la vida con mi corta edad que persiste sin sensaciones nuevas hasta el momento.
Pensando en el pasado que murió y en un futuro que me da miedo.