Cada orgasmo era una nueva muerte, de esas pequeñas muertes del instante presente que luego se añoran con nostalgia. Porque lo destructivo no fue la violencia con la cual nos maltratamos tiernamente, lo destructivo no es el deseo, lo aniquilante es el querer, la inevitabilidad del sentimiento. A Borges le dolía una mujer. A mí me duele un hombre, a mi me duele un hombre en todo el cuerpo.
(...) y en tu bella cicatriz. Parece sangre y sin embargo sonreís.
Amenamente idiota.
Cuándo me convierto en una insoportable después de haber entrado en confianza con gente que no la merece. Cuándo me pongo al nivel de cualquier ser humano totalmente desconocido que sólo me arrimó un hola. Cuándo mi ser entero se olvida que delante mío me está escuchando alguien que utiliza el sentido común para hablar y decir algo coherente. Cuándo la sonrisa me juega en contra. Cuándo debería ser otra persona y no lo pienso. Cuándo soy idiota reiteradamente a conciencia.
La pelotuda que escribe se llama
Border
Y NO DESEO MAS QUE MI LOCURA...