(...) y en tu bella cicatriz. Parece sangre y sin embargo sonreís.

Nos vemos castigados por nuestras negaciones. Cada impulso que intentamos aniquilar germina en la mente y nos envenena. El cuerpo peca primero y se satisface con su pecado, porque la acción es un modo de purificación. No nos queda nunca más que el recuerdo de un placer o la voluptuosidad de una pena. El único medio de desembarazarse de una tentación es ceder a ella. Si la resistimos, nuestras almas crecerán enfermizas, deseando las cosas que se han prohibido a sí mismas, y además, sentirán deseo por lo que unas leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos tienen lugar en el cerebro y solamente en él donde tienen lugar asimismo los grandes pecados del mundo.


Y NO DESEO MAS QUE MI LOCURA...