Cada orgasmo era una nueva muerte, de esas pequeñas muertes del instante presente que luego se añoran con nostalgia. Porque lo destructivo no fue la violencia con la cual nos maltratamos tiernamente, lo destructivo no es el deseo, lo aniquilante es el querer, la inevitabilidad del sentimiento. A Borges le dolía una mujer. A mí me duele un hombre, a mi me duele un hombre en todo el cuerpo.
(...) y en tu bella cicatriz. Parece sangre y sin embargo sonreís.
Angustia.
Es esa angustia horrible que te encorba como una viejita, te hace sentir frio, te pone tediosa. Cuando no sabés si en realidad estás mal o es el tiempo, si te estás por engripar, si estás de mal humor. Esa angustia que te hace replantear cosas. Arrepentirte de otras. Que abre excusas de todo tipo para ponerte bien, como loca con su remedio, el conformismo. Esa que te llama todo el tiempo cuando estás sola y solamente se escuchan las gotas de lluvia. La que te obliga a levantarte y mirar la venta, afuera, afuera está como vos por dentro. Lloviendo, nublado. El día no te dice nada, vos no decís nada. Estás mal. Porque la angustia chiquita no te hace reir, ni te hace pensar en otras cosas aunque quieras. La angustia chiquita te avisa que está lloviendo afuera. Que en realidad esas gotas son parte de una realidad que estás viviendo. Porque algún día va a pasar y mientras tanto todo te aburre, nada tiene que ver con vos. Es como cuando jugas al ajedrez sin entenderlo, cuando te aburrís en un cumpleaños. Cuando ni siquiera pensas en una fiesta, solo en que termine el día para sufrir insomnio y pensar en lo que más te gusta pero te pone peor. Porque la angustia es masoquista y tal vez ese conformismo infantil de película como en los cuentos de hadas se convierte en una fantasía insulsa que te cambia la vida por segundos, y seguís viviendo esa fantasía. Como cuando escuchas una canción y creas tu propio recital. Cuando te imaginas en una obra de teatro con la gente aplaudiendo. Te imaginas con esa persona, idealizandola con lujo de detalles. Pero no te importa. Porque ese tipo de angustia no te deja ver como la persona realmente es. Si eso es amor, entonces lo dejaras ir, porque no te quiere o te abandonó. Pero si en realidad afuera llueve y eso no es amor, vas a querer que salga el sol. No podrás aceptar jamás que todo está saliendo mal.
La pelotuda que escribe se llama
Border
Y NO DESEO MAS QUE MI LOCURA...