Cada orgasmo era una nueva muerte, de esas pequeñas muertes del instante presente que luego se añoran con nostalgia. Porque lo destructivo no fue la violencia con la cual nos maltratamos tiernamente, lo destructivo no es el deseo, lo aniquilante es el querer, la inevitabilidad del sentimiento. A Borges le dolía una mujer. A mí me duele un hombre, a mi me duele un hombre en todo el cuerpo.
(...) y en tu bella cicatriz. Parece sangre y sin embargo sonreís.
Era de noche, estabamos juntos, solos. La noche estaba tranquila, nosotros acostados, frente a nuestros ojos una ventana, una ventana grande, corria el aire y era lindo, era lindo porque hacía calor y el ventilador ni siquiera regeneraba. Empezamos hablar de las cosas que hacías en tu tiempo libre, cosas que antes hacías. Porque yo en mi interior estaba completamente segura que yo era parte de tu tiempo libre. Me dijiste: "Extrañar" y pensé que me hablabas de algún tipo de fallecimiento, me callé, intuí que debería ser silencio la respuesta más sumiza y terminó la conversación. Te dije: "Mirá la luna" y no quisiste, no aceptabas que eso además de un fracaso podría llegar a ser un momento romantico y digo "eso" porque nunca terminé siendo parte de tu vida por más que quise ayudarte con todo este presagio. A partir de ahí, sentí que me mirabas mal, que no te importaba que estemos de la mano pero me daba cuenta. Vos no estabas ahí conmigo, vos no me estabas agarrando de la mano a mi, vos tenías la cabeza en otro lado y lo entendí. Te quería sacar de ahí y desde el lugar más sincero y espontáneo lo hice sin pensar. Me levanté y te traje agua, creo que eso no estuvo bien porque también te hice reir y el agua se volcó. Empecé por bailar, bailo mal y eso lo hace mucho más divertido. La técnica no servía en esa instancia. Nos empezamos a contar situaciones que causaban gracia y lo siguen haciendo por lo ridículas y sentí que volviste, volviste a ser vos otra vez y te miraba y sonreía, me sentí bien por hacerte reir. Tal vez no fue lo mejor, pero no lo pude evitar. Que lindo es nuestro silencio cuando ya ninguna palabra puede hacerse cargo de los pensamientos malos y que lindo es cambiar de aire, todavía con el ventilador que volvió a regenerar. Dormimos otra vez.
La pelotuda que escribe se llama
Border
Y NO DESEO MAS QUE MI LOCURA...