(...) y en tu bella cicatriz. Parece sangre y sin embargo sonreís.

Murciélago.

Son las siete de la mañana y no puedo dormir. Entonces escribo lo que mis dedos dicen. No la cabeza. Porque la cabeza piensa en que mi espalda debe quedarse enderesada para no sufrir otra vez problemas de escoliosis. Que mis ojos deben dejar de ver esta pantalla tan grande y luminosa porque sino otra vez volveran los problemas de miopía y, obviamente, de poner los acentos y todas esas cosas donde van. Pero las cosas que digo, las digo porque salen, fluyen. Entonces con esta entrada te vas a dar cuenta que lo que pasa por mi cabeza es lo mismo que lo que pasa por la cabeza de algún animal, que seguramente en este momento está haciendo lo que debe hacer, o más ocupado que yo. Ni siquiera vale la pena todo esto, pero hace dos años aproximadamente me encargo de hacer cosas que no valen la pena, de vivir al pedo, de existir en vano, de pensar en nada pero con muchas ganas de vivir y eso hace incauta mi existencia, que en realidad, es lo que arruina todo el plan para que yo deje de estar acá sentada, donde algún día tal vez muera. Chau.
Y NO DESEO MAS QUE MI LOCURA...