Cada orgasmo era una nueva muerte, de esas pequeñas muertes del instante presente que luego se añoran con nostalgia. Porque lo destructivo no fue la violencia con la cual nos maltratamos tiernamente, lo destructivo no es el deseo, lo aniquilante es el querer, la inevitabilidad del sentimiento. A Borges le dolía una mujer. A mí me duele un hombre, a mi me duele un hombre en todo el cuerpo.
(...) y en tu bella cicatriz. Parece sangre y sin embargo sonreís.
Te juro que si algún día te vas, corazón, yo no tendría motivos para sonreír otra vez. Me regalaste mil mañanas de buen humor, me regalaste el sol que hoy sólo tengo para mí. Me regalaste mil y una carcajadas y momentos únicos. Hoy estoy adaptada a esos momentos. Y cada día me levanto con buen humor, el sol me ilumina. Cada día sonrío más y más, mientras reconstruyo momentos que a futuro serían lo mejor para los dos. Y ya no pienso en mí, sólo en tu comodidad, en lo que querés. Tu amor me vuelve egoísta hasta conmigo misma, sólo quiero ofrecerte a vos. A vos, mi amor. Que me diste todo lo que hoy tengo, que marcaste mi camino sin pensarlo. Si algún día te vas; ¿Podría aceptar mi derrota?
La pelotuda que escribe se llama
Border
Y NO DESEO MAS QUE MI LOCURA...